El tiempo a Destiempo

 

A los treinta y cinco años salió de la  panza de su madre,

Vivió varios años encerrado en ese cordón      

Que nunca  soltaba, su padre que era simplemente un manipulador

Muy exitoso,

Incluso titiritero en un circo de la zona

Rogaba que siguiera allí en esa placenta, aún más años

Pero nació a los treinta y cinco,

Con una madre de catorce y ese padre de dieciséis.

Habría que ponerle límites antes que se haga anciano.

 

Ellos sin embargo salían a bailar

Emborrachando la vida

Los días de lluvia, dejando a aquel niño avejentado

Leyendo libros en su habitación.

 

No hay nada que hacer:

De padres jóvenes nacen niños ancianos

Que  desconocen el capricho de ellos.

El rostro del viento

Como afuera, solo que adentro las balas murmuran

Entre los huéspedes, los corazones perdidos en la niebla

El escaparate que se vistió de novio el día que secuestraron el amor

Tantas cosas a la vista que los ojos se crispan de ansiedad

Y la vida, pasajera de tiempo que termina, bajo los rieles,

Bajo las hélices de pájaros que siguen los aviones.

Se motiva, se pinta sola de colores que nunca existieron

Para buscar dentro de sí la ceniza perdida en las manos

 

Los verdaderos iluminados buscan la sonrisa triste

Los humildes se arrogan de sarcasmo

Y miran la vida desde un estadio de futbol

Mientras en la vereda duerme un corazón

Abandonado

Cuando lo malo es bueno

Ayer era todo diferente

Vivíamos

En los sueños

En la belleza

Humilde

Del mundo

Hoy la vida

Trajo

Otras cosas

Los seres han dado vuelta todo

Y yo no doy más

En esta realidad

Donde la crueldad

Es el acto definitivo

Y la injusticia

El máximo placer

Del diablo

La mesa vacia

Hay hilos de sangre que escupen nuestro socorro

Estamos hecho para creernos que después de los abuelos, los tíos, sigue la familia,

Sin embargo no hay más familia, hay teléfonos con contestadores.

Y algunas veces sin ellos donde ellos mismo  nos dicen:-que queres-

Y nosotros no queremos nada, solo necesitamos un gesto de rescate

De los que nos quedan, la idiotez de pensar que aún recordamos la infancia

Mientras ellos siguen de largo dinamitando esa sangre,

La cuestión es aprender a no contar más con ellos.

 

Fueron parte de una infancia que ya paso

Entendamos eso por favor.

Sin titulo

Bajo los sombreros

Los vestidos, los botones, la mueca

El transparente luto de los fantasmas

Que nos miran

La vejez arrogada en velas

Bajo todo el transitado espacio

De la música, donde recordamos

La estupidez de nuestra ausencia

Justo ahora

Que la sordera se llena de frio

Que los confites de la infancia

Son solamente sueños dolidos

Que la vida fluye

Y vivimos sin saber

El sentido

Pero recordamos

Nuestra pasión, nuestra llama

El amor en los cuentos viejos

La intemperie de la pregunta

 

La vida es una prueba simétrica de varios monos que lloran su indebido calvario,

La naturaleza una prueba por conquistar en los hombres que la riegan de maldad.

El origen del tiempo un reloj desarticulado reconociendo espacios en la noche

Mi sonrisa nomas un paisaje rotundo de lágrimas en conflicto

Que van robando los sentidos

Mi payaso un débil ser que se acuesta en los fracasos de la sombra

Un oculista fabricando túneles en los bosquejos terribles de una poesía

Estancada en una hoguera

Cuáles son las ideas para manifestar el silencio,

Para acunar el soplo de alas en la calvicie de los pájaros,

Cuales los métodos, la acertada manera de cultivar abrojos en precipicios,

Cuales los dilemas, las preguntas, el ruido de la piel que se cae,

El ritual de los ciegos que se cuelgan en las persianas

Los inquilinos del miedo que descansan en los recuerdos

Entre una cuna y un ataúd el tiempo navega su albedrio

Antes de irme

Antes de irme

Regare mis plantas

Ya muertas

Me iré pensando

En el jardín envenenado

Impuesto en mi vida

Ese a veces

A veces las precisiones de la noche fomentan un nexo que traspasa el misterio, los murciélagos precipitan la luz que se apaga mientras el silencio duerme a la intemperie, los pájaros le conceden al amor su letargo sublime, y la tempestad se subleva.

A veces se caen las uvas, se amortajan los orígenes del sueño, se estimula el detalle de las miradas en gente que no necesita lecciones de vuelo.

Pero a veces también desde mi locura andan como dos locos mis ojos vaciando la inexorable marcha del tiempo, andan ebrios de entrega, y tu piel es un pasaje poblado de sensaciones que no comprenden la vida.

Y en ese a veces es cuando la palpitación queda muda, exhausta bordeando los labios que se distraen en banalidades , y así es como la llovizna del ocaso perturba los extremos de mi conciencia , conciencia loca, conciencia que ametralla controles remotos, palabras, emociones que no se tendrían que programar.

A veces suelo morir cuando las cosas se suceden así.

El suicidio y su Amor

 

Roberto tenía mucho sueño, no era día para dedicarse a hacer algo, estaba abatido, entre los espejos y una cama  que se le venía  abajo. Los recuerdos son a veces sinónimos de majestuosidad de otros tiempos, ahora tiembla, su cabeza empieza a agrandarse, ve todo entre fastidios, su mujer está sacando un cuchillo y sale del cuarto dirigiéndose hacia la escalera del departamento de abajo, llega hasta le vecina y lo clava en su puerta, no la entiende y sigue un juego que nunca empieza a comprender, su hijo empieza a degustar las cosas más mediocres de la vida, el quisiera otra cosa, la vida me injurio los sueños.

Le dice: Hija de puta

Sale la vecina, su mujer comienza a blasfemar sobre ella, sigue el pobre Roberto sin entender, su hijo ahora  esta borracho tirado en la cama al son de una cumbia sin escuchar lo que pasa, salvo la cumbia.

Llega la policía, mejor dicho los gendarmes del barrio, quienes prestan  declaración, ella habla que la habitan fantasmas (al menos es lo que Roberto cree) ,en realidad habla de vecinos no de fantasmas, pero su marido cree que es poseída por  cierta anomalía que hace que la hace divagar, perseguida todo el tiempo.

Su hijo quiere cantar y agarra una cámara filmadora y trasmite  su espacio de libertad, espacio que tampoco entiende porque quiere matar al poder, porque es un transgresor mediocre de sensibilidades anuladas, se va un rato de esa casa.

Solo en medio de un día de mucho viento, el departamento empieza a crujir sus puertas justo cuando está bajando por el ascensor.

Siente tiros abajo y ve a su hijo en medio de todo ese tiroteo bailando cumbia, se entristece, no debería, pero se entristece, a veces uno debe dejar lo que otros eligen aunque lo convoque la locura desprolija de un destino descabellado.

Llega a un umbral y se hace la cruz, la gente lo mira, parece el amuleto de un tótem, que gira en su misma sombra, observa que se amontan los vecinos debajo del departamento donde habita, los vidrios desquebrajándose, es que su hijo salió un momento y no se dio cuenta que olvido la llave entonces entro por la pared de vidrio que está en los costados de  la puerta, la gente está agrupada, la gente está cansada, historias de  honestidad de siempre que nada tuvieron que ver con este cotidiano tormento que le circunda.

Por momentos Roberto se marea, pierde el control, camina como esquivando cosas que no existen, poca imaginación como para asumir tanto castigo.

Lo sigue una mujer que se convierte en un perro, le ladra, le asusta, de pronto ese perro vuelve a ser mujer y se acomoda entre sus desdichas, la mira sin perder la calma, sabe que siempre pasa algo, nunca hay un momento de calma en su vida actual.

La gente se echa a un lado como si fuera a contagiar maldiciones, cuando a en su fuero intimo lo  alegra un mundo de calma y paz, ellos no lo entienden. Nunca lo entendieron.

Su hijo cree que está logrando un método efectivo para manipular a quince mil personas, entra en su computadora y pide monedas para sus vicios. Él lo conoce, y a veces lo desconoce también.

¡Qué mundo, que extraño esta todo!,  como es que a uno les toca permanentemente historias plasmadas de tanto dolor y otros al menos tienen esa cara de felicidad que se logran ver mientras uno sube a un colectivo, su anhelo siempre fue donar sus ojos  y juntos a ella la amargura, para que le pongan al menos un poco de alegría a sus iris.

Llega la noche, llega otra noche, empieza a desvanecerse las nostalgias de otro tiempo, piensa en la vida feliz que hubiera querido lograr, la vida feliz, en realidad una vida normal al menos.

Pero todo está de otra manera. ¿Que es posible hacer?

Serán los tiempos, será el maquillaje que ha arruinado el alma y se pinta por dentro.

Llega la noche, la paz no existe, no puede existir entre tanto hecatombe, entre fuegos que queman las hendijas de aquel sentimiento.

La vida está descompuesta en dolor, y furioso Roberto sigue pensando que se dio vuelta todo, que se reverso la vida y hasta la pausa rebobina desdicha.

Sigue sin tregua por la vida, pensando porque uno tiene sueños, proyecciones, espacios, motivaciones, tertulias en donde presumir el valor de alguna legitimidad.

Todo declina ante su ser.

Su mujer empieza a mal formarse y se convierte en planta, su hijo también y ve un racimo de uvas resecas, la locura lo envuelve, está empezando a sentir amor familiar, pero no amor de pareja, eso era un cuento de otra época para su vida, quizás lo platónico formaba parte de una ternura eterna y casta en su inocencia.

Habla con la vida, le comenta a su silencio tantas indagaciones, tantas utopías despedazadas en el sacrificio de algún pájaro ciego. Esos pájaros que tanto presintió y muchas veces se posaron en su hombro.

Pues bien, ahora al mundo le han puesto oídos para hacer el amor, ahora que todo se habla, nunca habrá que dejar sin pilas  los controles remotos.

´Pero sabe  que  no sirve para eso, a él le  gusta más el aleteo del silencio, que las cosas se hagan sin hablarse, que uno sea el benefactor de la ternura, por eso se conforma con hablarme a su amor propio, por eso se pasa horas embarcado en el latido de sus aciertos.

Entonces por un momento olvida que hay un mundo, por un momento olvida que se caen mis ojos debajo de una zanja cuando la espalda disimula mirarlo.

Así dejo a su hijo que siga embriagando su inestabilidad, que siga bailando, que siga sin notar que sus ojos están perdidos, así dejo a su mujer hablando sola mientras se da vuelta en la cama rechazando el lenguaje inerte.

Así se compadece ante Dios, así amando castigos aprendió  lo que en otra época hubiera sido un martirio, dar sin recibir nada…siempre dar..

Pero sin embargo su amor propio se resigna, de golpe le pega una trompada, y se pregunta qué está haciendo.

¿Sería inhumano que no lo haga?

Se aleja de esos brazos de brea que nunca vuelan al menos bajo, mira los pájaros y les sonríe cuando sabe que no están ciegos.

Su mujer ayer rompió la puerta del ascensor, lo llamo un vecino al celular mientras estaba visitando a mi madre, furioso le dijo: – Fue su mujer, Roberto todos la vieron-

Son muchos los laberintos que invaden su ser para poder detenerse a pensar.

Sin embargo su amor lo persigue, y él se murmura.-espero que nunca se vaya …porque ese día…..

No puede hablar de él, no puede considerarme tan importante, como para alarmar el sentido de otras vidas, que no lo merecen. Aunque su mujer se lave el pelo en el inodoro y su hijo siempre quiera aclarar su lluvia.

No vale la pena amigo.

Así que aunque todos los días los mensajes de texto de un celular sean alarmas, debe aceptar que hay cosas que ya nunca cambiaran.

Uno se va haciendo viejo, la idea se desvirtúa, los fantasmas que han cortado la mesa solo son cenizas que alumbran la celebración de una angustia más.

Pero su amor ese sí que es fiel a él, ese es el  que le da alas para seguir remontando el mínimo implante roto de una sonrisa sin dientes, pero sonrisa al fin.

Si no fuera por él.

Un día sin embargo cambio todo, de golpe se encontró en ningún lugar, sin recuerdos de por medio, como alguien que pierde el conocimiento inadvertidamente.

Era como haber salido por otra parte, el y su  amor, observando como las paredes eran siluetas desfalleciendo entre sí, su amor no parecía temer esas controversias, no entendió el porqué, se sumergió en una historia de imaginación plagada de seres extraños, donde la vida no existía.

Hasta ayer que los rumores le seguían por toda esa sala mortuoria.

Hasta algunos chistes no le causaron gracia.

Eran sueños que pululaban la noche, como si el cuerpo no hubiese estado nunca, como si un universo sin vida nos haya descubierto un nuevo secreto.

Allí salimos a predecir esas almas suicidas que se enfrentan día a día con la obligación de hacerse visibles y no hubo manera alguna.

Estábamos en otro tiempo, en una dimensión extraña, como en un manto de sonámbulos sin cuerpo.

Todo era una línea que se iba cortando.

Solo veía lo invisible, y se quedaba flotando en un éter de luz anclado de extrañas debilidades irreversiblemente anexadas a la locura.

¿Y que veíamos sino había nada, ni infierno, ni cielo?

O al menos que extraño candil se acostó en aquel  espíritu para alumbrar ciertas cosas que antes estaban en su sitio.

Por ejemplo sus padres, sui infancia, a ratos soñada con rasguños de brujas que levitaban en aquel cuarto, porque habría que tener aquel recuerdo si ya no era nada más que algo que el intuía

Marcas como de agua debajo de un estanque atornillado en los molinos de una ráfaga.

Pero aparecieron como si la vida hubiera surgido de la nada aquellos gusanos arrepentidos vaya a saber porque,  lo miraban con piedad a él ya a su  amor, sus ojos se habían tornado  fosforescentes, con una sed infinita y empezaron a devolverle la piel, arrepentidos.

Esa noche su amor seguía durmiendo, trato de despertarlo en vano, quedo allí bajo la profundidad de aquel ripio, logro salir  de esa madera embarrado y empezó a caminar como si nada hubiera pasado pensando en el lugar exacto donde  suicidarme  nuevamente para esta vez encenizarse por las dudas.

Inaceptado

En mi mundo

La risa ante mi locura

Es una vehemencia

No circunstancial

Sino diaria

Y es lógico

Un mundo sin letras

Es la clave

Para nacer

Al menos

Con cierta normalidad

Que no trastoque

La abundancia

De la idiotez

que ven

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