Sombras en los espejos

Poema : Osvaldo Norberto Lázaro

Musica: La virgen y la gitana -Steve Hackett- Por Edgardo Vernis

Recitado : Patricia Ortiz.

La lagrima de los peces

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Llorando en azul hasta perder la conciencia
moviendo tu cuerpo vestido de agua
la noche se pierde, el océano ilumina
el anhelo fugaz que cierra tu vida.
Si no fuera sal la distancia que ampara
el fecundo destino de labios prestados
seria cicuta de agua estancada
tus tristezas que acorazan burbujas heridas.

Desde una grieta en la pared de tu pecho
emerge un absurdo castillo de arena,
hay un alga incrustada al deseo
una súplica que se ahorca
en cada espasmo del viento.

¿Hacia dónde lleva la espuma
los fragmento de tu cielo roto?

 

Un rayo nos mira (Entre Patricia y Yo)

 

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Las llagas del silencio
destiñen la almohada
donde el tiempo se sueña
a vivirse lejos
 
La muerte mira el espejo 
Ya no es de día

 

Las sombras descorren

cada velo del secreto 

El miedo transpira

pegado a la pared

mientras la piedad azota

el perfil oscuro de la luna

 

Se convierte en acordeón tu espalda

rasga el tiempo la uña perdida

en el incendio casual

 

Yo beso tu beso

 agrietando mis ansias

 me pongo tu cuerpo

en las estalactitas de mi piel

 

 

Se amolda tu carne a mis heridas 

Somos un río espeso

engendrado en la tormenta

que reclama el goce de la lluvia

El hijo de Maiacovski

Dibujo

 
De madre bruja y padre poeta
se gestó entre las páginas
espumosas y amarillas de un libro:
rodeado de versos y conjuros,
quimeras y revolución.
El poeta siempre ausente,
viajero incansable,
creaba con su poesía
un mundo de mágicas verdades.
La bruja se deslizaba cada noche
sobre las piernas de un poema
buscando la simiente, fatigada de amor.
Todo sucedió en el maravilloso y preciso instante
en que abrí el libro.
Mientras nueve lunas parían relámpagos
sobre la constelada imagen
de un París violáceo,
en el encandilado margen del libro
se fecundó ese amor callado y espeso
acurrucado en el tiempo.
Creció el hijo en el vientre anochecido de la madre
y en París, en ese vislumbrado y melancólico París,
limitada su vida a las páginas de un libro
nació el hijo de la bruja y el poeta,
abrazado a la palabra libertad.

Viento de Fuego

tristeza

Me hieren el frío y la indiferencia

en esta noche clara.

Los latidos de un hijo

asoman del vientre de una madre anónima

que revuelve la basura

en busca de alguna esperanza.

Camino por la lengua del destino

cerrándole los ojos

a cada luna que muere.

Ese fantasma

Small storm 

“No hay nada más útil que una herida inútil.”

 

Cuán lejanas están las lunas

y el ahogo tan cerca

atenazando la garganta.

La cobardía siempre encuentra excusa

para no enfrentar al sufrimiento

cara a cara con el sol.

Se multiplican las heridas

cuando el dolor madura

en las grietas de la piel

y el olvido –ese fantasma-larva feroz que no crece,

nos quiebra,

nos demuele.

LAS COSAS QUE AÚN NO HE DICHO

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Las cosas que aún no he dicho

caminan por las calles de la memoria

con los ojos cerrados, a contraviento.

Palpan los cielos de la conciencia nublados de dolor,

buscando un sol donde anidar.

Algunas ruedan por el vientre del abismo

y llegan transidas, dando tumbos,

hasta la lengua descosida e impaciente

que las suelta,

aunque no sepan volar.

 

En coma

coma

 

 

Los ojos cerrados navegan entre ruinas.

Un estampido de cuervos despierta la única semilla

rastro de un tiempo delicioso de primaveras.

Su cuello, sus hombros y su frente resisten.

¡No busca piedad!

Olvida los sueños de ojos abiertos

y sin esfuerzo su boca se despide

en grises aleteos.

La libertad es tan incomprensible ahora.

No tiene remedio el silencio,

algo susurra su pulso:

no sé qué dice.

VUELO

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Vacilante es tu vuelo

vas cayendo vertiginosamente en el abismo azul de tus miedos

Te entregás al cruento pulso del placer

y en un maremágnum de destinos

una y otra vez las mismas nubes  te salvan.