Borre tus ojos para que no sepas volver
a mi jardín donde guardo flores
que respiran en el sol de ese universo

invente tu sonrisa cuando me vestí en tu cuerpo
y bese el femenino territorio de tu ser
antes de asesinarlo

Luego me fui de tu carne
pero los cisnes no estaban mas

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Los miedos irreparables

 

Sentada atrás de mi vida ella disipa el cielo
Proyección astral del tiempo que vuela
Mientras el beso se acuesta en sus manos
Es un rictus el osado néctar del amor
Cuando cae
Cuando gime
Y el miedo supera lo insuperable
Cuando no se detiene en el pensamiento

Igual vos en mi razón poblada de locos
Sos el único testigo de esta quietud que altera
Me voy de las antorchas y pacto con un deseo que no fue
Lejos, mas lejos, como barriendo los anaqueles del tiempo
Te mira la luz frágil como un suicidio de mariposas
Y vos estas desde tu soledad olfateando la distancia
De estos modernos termos que se instalan en la conciencia

Los barriletes caen
Cuando el niño llora su época
De tan extraño sinsabor.

Del pasado solo quedo otra cultura
Que encegueció el presente.

Y nada
Solo el meteorito que paso tan cerca
Del cabello fino de las extraña nada.

Mi ultimo cuento corto de este año (….A la vida…a los amigos/as que ya no están acá) El libro de 42 paginas

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Sobre la mesa de luz descansa el libro en su interminable sosiego y su necesidad de ser urgentemente leído, lo toma entre sus manos empieza a recorrer su aventura fantástica, enciende velas para su recuerdo, se sienta en el costado derecho de su cama, y sigue su aventura hasta la página 42 , allí el desenlace, recuerda alguna vez haberlo leído juntos a su esposa que ya no está en el pensamiento, minuciosamente una pagina por año …extraña situación de por si
Lo relee, le echa un vistazo a la puerta y es como si alguien le arrancaría el corazón, piensa inocentemente porque la vehemencia del recuerdo no lo abandona.

Los limites ente la realidad y el sueño suelen ser peligrosos, besa el espejo, su imaginación le devuelve algo trascendente.

Se frota los ojos que le lagrimean junto a su soledad, que triste es la soledad que lo cobija, en el resplandor de esa luz creyéndole dar vida a su cuarto,

Su hija está festejando la fiesta de egresados le quedan varias horas para la nostalgia.

Cierra los ojos siente un perfume particular que lo hipnotiza, vuelve a frotarse los ojos llorosos y siente como que el recuerdo empieza a latir, es ella …su mujer…mirándolo desde el otro costado de la cama justo en la página 42, donde se duermen sin recordar más nada en ese cuarto incendiado..

En el momento exacto, llega su hija licenciada en literatura a ese cementerio a llevarle flores a los dos que justamente hoy cumplirían 42 años de casados y 21 de la tragedia…

Sobre la vida, las fiestas y el egoísmo de algunos (Para todos y para Nadie)

fiestas

Solamente quería despedir el año con el deseo más efusivo que pueda nacer de mí ,aun a pesar, difícil año en donde se incremento como siempre mis desvelos de querer superar una realidad en la cual mi sensibilidad no acepta.
Si bien mi condición afectada en todos los momentos de la cólera por estados de alto desconsuelo, viviendo en la opacidad de una lagrima que me baño la sangre.
Asimismo todo mi silencio , todas las palabras que no he querido exclamar y las que pude a las personas que siempre estuvieron a mi lado quiero agradecerlas con el mas contundente gesto de amistad…y de sensibilidad a las que me vieron como soy.
Nadie tiene la culpa de que un presente origine tanta decidía, que la vida se recueste en un vía cuando los momentos se valoran en los años. Cuando la vida nos devuelve al menos por un segundo la sonrisa, cuando uno quiere cotejar su prevalencia muchas veces disfrazándose de payaso, nadie tiene la culpa de su futuro, nadie pero nadie …
Con esto manifiesto también que veo en la calle una niebla que arrasa, que los pibes durmiendo en colchones rotos en los cajeros automáticos, que el pan se amasa para muchos abuelos en un aguinaldo de huérfanos.
Nadie tiene la culpa, de sufrir lo inexorable, de permanecer en un mundo no apto para la sensibilidad, un mundo vendido a todos los poderes racionales que en su pensamiento fabrican misiles que arrasan con sueños humildes, los sueños que no son especialidad de lujo, ni mucho menos, sueños comunes que avanzan sobre la supervivencia del amor, del consuelo diario de poder simplemente vivir con la honradez necesaria.
Es así como independientemente a mi congoja que suele desfigurar mis tiempos, me siento preocupado en un abismo donde veo que todo se ha vuelto intangible.
Los seres le han devuelto al odio su mirada mas concreta, las cosas se representan por gestos y solo Dios sabe cuales son los verdaderos.
Hoy el poder contrata licenciados en abecedarios, filósofos que atentan contra el pueblo mas allá del bien y el mal…
Hoy nos dan consejos los humildes que de golpe se transformaron en eruditos y gozan la satisfacción de su propio egoísmo.
Muchos Sarmientos y pocos alumnos…sera?
He librado mi batalla al mal, he querido absorber todos los alfileres posibles que en mi muñeco dejaron, le conté un día a nuestro Dios que la vida no pasa por el poder y el fue entonces cuando me escucho, cuando le dio la espalda a los falsos profetas entunicados con cruces y créditos bancarios.
Ya se que la familia se fue, se fue el día que los árboles se derrumbaron encima de nuestros abuelos, se fue el día que brotaron como antorchas las inocencias mas puras de todas, todo aquello que valía la pena poseer.
Hoy los vecinos son vecinos en las reuniones de consorcio y la familia es familia en los velorios.
Pero todo se nos fue querido Osvaldo como un cántaro de lluvia asumiendo la geometría de la indiferencia, indeferencia reflejada en cada momento por ladrones sin armas pero con actitud de matar nuestra psiquis, ellos que siempre están han derrumbado el orden terrestre de las cosas, por eso la perdida, por eso la soledad que sueña con relojes que giren para atrás , la vida es otra hoy , cerramos nuestras casas y allí estamos pocos gatos locos abriendo una sidra , un champagne o en algunos casos un vaso de agua.
Ojala el tiempo empiece a tomar distancia de la urbe de este caos asociado al inútil poder.
Ojala no se fabriquen mas helicópteros y los poderosos acepten su condición de ser felices con el alma, y puedan merodear las calles con la tranquilidad necesaria.
Ojala podamos abrir una puerta en los carnavales instalando una manguera para mojarnos de sed entre nosotros, que las cosas que pasaron por el punto de la solidaridad se vuelvan a dar la mano.
Ojala todo vuelva a ser un hormiguero de abrazos bien abrazados, un estado de luz bien definido, un amor idiota aunque parezca pero con saludos que no limiten a los desgraciados y los pongan en una condición aun mas nefasta..
Pido por eso un acto de humanidad, un pequeño soplo de esa infaltable ternura que se seco de golpe.
Pido que algún día aquellos fantasmas amados nos tiren un beso desde ese jardín, se asomen al menos a nuestra conciencia, en su muerte rehabiliten el amor, la caricia mas lograda en el espejo de nuestros sueños, que lindo seria ver a nuestros ancestros, al menos en un guiño , en una sola condición de renacer lo eterno.
Y hoy me viene un tocadiscos, con el sudor de una escalera y su cal, mi viejo dejándomelo aquel 6 de enero de hace tanto tiempo y yo con la alegría extrema de poder escuchar música,y con la picardía de no dormir para ver el momento entre el pasto y el agua aquel WINCOFON
Mi casa chorizo, con mi viejo que estaba loco quizás de sacrificio, mis primos, tíos y todo eso que tanto extraño.
Que se ensanche la mesa por un momento que pueda cerrar los ojos y ver a las doce y un minuto una veintena de copas llenas, un abrazo emotivo que me haga bailar en el delirio de la piel de gallina.
Que a la vida algún día la volvamos buena simplemente….

Dando vueltas en un relato

Desde la cama inclinaba mis ojos a los huecos de la pared, la enfermera me miraba intuitiva, como leyéndome el alma, yo los sabia, se había acabado el líquido había que cambiarlo, ella lo hizo aun mirándome más y yo le hablaba de gente que veía por aquel zócalo de la pared, gente que ya no estaba, la insulina , el suero y todos esos productos me estaban haciendo durar un poco más de la cuenta, pero no era mi meta vivir en base a esos fármacos, si igual mis dolores se acrecentaban constantemente .
 
Mi mujer estaba en la puerta, no quería ver mi extrema delgadez acentuada, y sin embargo pensaba cosas, no sé si pensaba en el pasado de nuestra vida, cuando yo le reclamaba pactos de amor u otras cosas, al menos era lo que yo imaginaba.
 
En esos estados donde uno está fuera de todo la imaginación posterga la razón y todo se habita de cosas perdidas en el humo de un pasado donde uno no fue feliz.
 
Es allí donde uno recuerda todo.
 
Pero como en un relato no se puede mentir debo cambiar esta historia…darla vuelta y confieso que me hubiese gustado ser yo el moribundo de ese hospital.
 
Entonces debo empezar de nuevo y decir que : en realidad era yo que estaba en la puerta
 
Y mi mujer agonizando en la cama, me pedía disculpas por todo.
 
Mientras en el último beso me entrego aquel viejo y conocido control remoto que nació después de casarnos y que yo manejaba frecuentemente.

Cuando no todo era palabra

He tenido la belleza de soñar

Cosas que nunca fueron, estados de vigilia

Envueltos en miel de lunas,

Y me acrecenté a una sonrisa distinta en mí,

Una caricia que se manifestó sin palabras

Al fin de mi anhelo

 

Entonces no era ella,

Era quizás un extraño fantasma

Con piel de mujer

Deshabitada de crueldad

Que se abalanzaba en mi hombre

Y me soñaba mi sueño

Automatismo

Que otra cosa que el color de los parpados

Que se pasean en la avenida más cercana a los sueños,

y de golpe extravían su modelada fatiga

en los cautivos y refinados vasos

donde el vino hunde sus uñas.

 

Y de este sol, de este paraje de átomos prolíficos

Enardecidos timones del marinero embalsamado

Que recorre siempre el mismo mar

¿Que queda sino la desgracia inmediata

Que alimenta a los brujos?

 

Ella esta tan sola como la baba del diablo

Que busca en su sonrisa

El espectáculo más rudimentario

De los especialistas del sexo

Es esa sirena loca

que transborda su posesión de esclava

Bajo la piel nauseabunda

Envuelta en llamas de sus arcos

Como una madre que reanuda su vida

Y encierra a su hijo en un cataclismo.

 

Donde nadan las pirañas de otro mundo

Y el dolor en su conjunto retrocede su espacio—

Diferencias

Mi corazón una caja rota llena de demonios

Mi amor un espejo incendiando la oscuridad

Tu poca sensibilidad un santuario de vampiros

Que hacen fiesta en mi diabetes.

 

Tu misma

un escalofrió de peines de viento

Que sonríe mi huella distante.

Y se apiada de la tolerancia redactada

Donde te memorizo el sentimiento

Para que lo recuerdes

en mi ausencia.

VESPER

Desde 1756, Haendel, viejo ya y privado de la vista desde
hacía más de cuatro años, no salía nunca de su mansión en
Londres, a la cual concurrían en gran número sus admirado-
res.
Una noche, el ilustre músico se encontraba en su sala de tra-
bajo del segundo piso, habitación amplia y suntuosa, prefe-
rida por él a sus salones de la planta baja, a causa de un órga-
no magnífico adosado a uno de los muros.
En la espléndida sala iluminada, algunos invitados conversa-
ban bulliciosamente, estimulados por una copiosa comida que
les había ofrecido el maestro, gran conocedor de platos deli-
cados y de los buenos vinos.
El conde de Corfield, que se encontraba presente, puso el
tema del genio del anfitrión, cuyas obras maestras alabó con sincero entusiasmo. Todos le hicieron coro, y cada cual ad-
miró el poder del don creador e innato, imposible de ser ad-
quirido por el vulgo, ni siquiera al precio de un trabajo encar-
nizado.
Según el decir de Corfield, una frase brotada de una frente
adornada con la chispa divina podía, trivialmente desarrolla-
da por un simple técnico, animar una cantidad de páginas
con su aliento. Por el contrario, agregaba el conde, un tema
ordinario, tratado por un cerebro inspirado, debía fatalmente
conservar su pesadez y torpeza, sin conseguir disimular la
marca indeleble de su ordinario origen.
A estas últimas palabras, Haendel protestó, asegurando que
aun sobre un motivo construido mecánicamente según un
proceso suministrado por el azar, se sentía capaz de escribir
un oratorio digno de ser citado en su lista de obras.
Como esa aseveración provocara algunos murmullos dubita-
tivos, Haendel, animado por las libaciones del festín, se le-
vantó bruscamente, declarando que quería inmediatamente,
y delante de testigos, establecer honorablemente la armazón
del trabajo en referencia.
A tientas, el ilustre compositor se encaminó hacia la chimenea
y sacó de un vaso algunas ramas de acebo provenientes de la
Navidad recién pasada. Las alineó sobre el mármol, llamando
la atención acerca de su número, que se elevaba a siete; cada
rama debía representar una de las notas de la gama y portar un
signo cualquiera, propio para hacerla reconocer.
Magda, la vieja ama de llaves del maestro, muy experta en
trabajos de costura, fue la encargada de suministrar al instante
siete cintas de matices diferentes.
La ingeniosa mujer no se preocupó por tan poco, y después
de una corta ausencia, volvió con siete “favores” que ofrecían
cada cual la muestra de uno de los colores del prisma.
Corfield, a instancias del gran músico, anudó un “favor” en
torno de cada tallo, sin romper la regularidad del alineamiento.
Terminada esa tarea, Haendel invitó a los asistentes a contem-
plar por un momento la gama figurada bajo sus ojos, y a que
se esforzaran en grabar en su memoria la correspondencia de
los colores y de las notas.
En seguida el maestro, con su tacto prodigiosamente afinado
por su ceguera, procedió a un minucioso examen de la lana,
registrando cuidadosamente en su mente cada particularidad
creada por la disposición de las hojas o por la separación de
las espinas.
Una vez completamente seguro, Haendel reunió las siete ra-
mas de acebo en su mano izquierda y designó la dirección de
su mesa de trabajo, encargando a Corfield que tomara la plu-
ma y el tintero.
Salido de la habitación, y guiado por uno de sus fieles, el
maestro ciego se hizo conducir  a la escalera, cuyo pasama-
no liso y blanco se prestaba admirablemente bien a sus pro-
pósitos.
Después de haber mezclado por largo rato las ramas de ace-
bo, para que no guardaran la huella de su primitivo orden,
Haendel llamó a Corfield, el cual le entregó la pluma llena de
tinta.
Con los dedos disponibles de su mano derecha, rozó al azar
una de las cintas con espinas, la que para él tenía una perso-
nalidad reconocible al tacto, y se aproximó al pasamano, en
donde escribió sin esfuerzos, en letras corrientes, la nota in-
dicada por el rápido contacto.
Bajó un peldaño, barajando de nuevo el espeso ramo, y
Haendel, por el mismo procedimiento anterior de palpar las
cintas al azar, recogió una segunda nota, que inscribió un
poco más abajo en el pasamano.
El descenso continuó, lenta y regularmente. A cada escalón,
el maestro, concienzudamente, removía la gavilla en todos
los sentidos antes de arrancar, con la punta de sus dedos, la
designación de tal sonido inesperado, el cual era inmediata-
mente grabado en caracteres suficientemente legibles.
Los invitados seguían a su huésped paso a paso, verificando
fácilmente la rectitud del trabajo por el examen de los “favo-
res” diversamente matizados. De vez en cuando Corfield to-
maba la pluma y la llenaba en el tintero antes de entregársela
al ciego.
Al cabo de diez minutos, Haendel escribió la vigésima ter-
cera nota y bajó su último peldaño que le depositó en el pri-
mer piso. Se acercó a una banqueta, se sentó por un momen-
to y descansó de su trabajo, dando a sus amigos la razón
determinante que le había conducido a escoger un modo de
inscripción tan extraño-
Como sabía que su fin estaba próximo, Haendel había legado
a la ciudad de Londres su mansión, destinada a ser erigida en
museo. Una gran cantidad de manuscritos, de curiosidades y
recuerdos de toda especie, prometía ya hacer muy cautivante
la visita a tan ilustre morada. Sin embargo, el maestro estaba
obsesionado por el deseo de aumentar incesantemente la atrac-
ción del peregrinaje futuro. Por esta razón, aprovechando una
ocasión propicia, había esa noche autografiado un monumen-
to imperecedero, grabando un tema incoherente y original en
una escalera cuyo número de peldaños ignoraba primitivamen-
te, pero que habían fijado al azar la extensión de esta obra mu-
sical, con lo que agregaba una particularidad suplementaria al
lado mecánico de la composición.
Después de descansar por algunos instantes, Haendel, escol-
tado por sus amigos, volvió a la sala de trabajo, en la cual la
velada se terminó alegremente. Corfield se encargó de trans-
cribir musicalmente la frase elaborada por el capricho del
azar, y el maestro prometió seguir estrictamente las indicacio-
nes del borrador, reservándose solamente dos libertades, la de
los valores y la del diapasón, que evolucionarían sin cortapisa
de una a otra octava.
A la mañana siguiente, Haendel se puso a la tarea con la ayu-
da de un secretario habituado a escribir bajo su dictado.
La ceguera no había de ninguna manera debilitado la activi-
dad intelectual del célebre músico.
Tratado por él, el tema de relieves fantásticos tomó un giro
interesante y hermoso, debido a las ingeniosas combinacio-
nes de ritmo y de armonía.
La misma frase de veintitrés notas se reproducía sin cesar,
y presentada cada vez bajo un nuevo aspecto, vino a cons-
tituir por sí sola el famoso oratorio “Vesper”, obra poderosa
y serena, cuyo éxito se mantiene hasta nuestros días.

Dos pequeños comentarios: en primer lugar, Roussel parece
encontrar un paralelo entre la forma de producción de esta
obra musical y su propia obra literaria, en la cual la homoni-
mia (la repetición de “las mismas notas presentadas bajo un
nuevo aspecto”) constituye la base de su método. En segundo
lugar es importante recordar que Raymond comenzó su carre-
ra artística como músico, siendo un pianista de buen nivel,
antes de abandonar esa forma de expresión para emprender
la literaria.

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Los visitantes de baldíos

Volvieron a  casa, hurgan entre la oscuridad y la luz

Se posan sus ojos entre el quebranto irremediable

De la sabiduría mientras duermo

Yo me como los carozos del sexo indispuesto

Y los jardines me contagian primaveras postergadas

 

¿Qué debo hacer?

¿Cómo seguir besando espinas en los drenajes?

 

El cielo se ha puesto un vestido de encaje

Los pensamientos disimulan acercarse a la muerte

 

El cuerpo es nomas un cuerpo

Un trazo de lluvia que destiñe el alma

Mientras me miro

Mientras el día se ata de manos

Bajo un espejo borracho

 

Odilon-Redon

 

 

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