Extra en un film mudo

Te veo pasear locura, y no tengo que irme a Puerto Príncipe

ni al África adornada de futbol, te veo acá cerquita de mi puerta

colgando tus sueños en un barrilete de hilachas, sostén del pantalón,

sacudes la cabeza,

 sacudes tus fantasmas mientras la vereda se atesta de risas ajenas,

brillos y caireles sociales.

No dejas que me asombre en tu causa natural

“porque ya es tan común”.

Me llevas a tu trampa, te quedas en mis ojos y más,

 en mi corazón

Te veo pasear en abandono, comiéndote el chaleco

de bolsa

de consorcio

previendo un  diluvio amenazante, sin techo, sin comida,

sin abrigo,

sin amor

Me subo a tu delirio, me sumo a tu calvario, y entiendo

que ya no entiendo nada

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Auschwitz (un poder no heredado)

 

1389.4 Holocaust B 

Como ciudadana del mundo

pido perdón Auschwitz                       

porque abandonada a su destino

la sangre de los vientos se hizo nieve

ante los ojos de un cielo, en el oleaje de los grises vestidos.

 

Tu dolor se vio enmudecido.

No tuvo piedad el misterio del hombre,

del hambre y la rabia hechizada por el poder.

Cada centímetro punzante tiene tus huellas,        

los nombres siguen la danza de la historia.

 

Fueron cómplices las bombas                       

y la pasividad de tus hermanos vecinos

y no habrá rincón en esta tierra                       

donde NO se escuchen las lágrimas de los Ángeles.     

 

Toda razón es infame a la desnudez de una guerra    

donde no caen quienes la gestan

sino inocentes, ojos impávidos, blancos perfectos a los fines diabólicos.    

 

Pido perdón Auschwitz      

por los espíritus,    

habitantes fantasmas rondando en nuestro tiempo.

 

Clandestinos

 

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La noche continúa insistiendo.

Vuelves a buscarme en la clandestinidad

de una esquina.

Separas mis piernas suavemente,

las separas con la furia del tiempo fugaz.

Poseída por tus labios que llevan el calor de lo prohibido

me abrazo a tu imagen etérea y misteriosa.

Nada quiero saber de ti más que de tu cuerpo

encima de mi destino.

 

La moneda tiene dos caras como la vida misma