Una carta que quedo perdida en un jardín (A Nestor Morris en memoria de Rosa Buk)

Querido Néstor Morris:

                          Como sabrás crearon un fantasma en mi, del que nunca pude librarme, yo siempre he querido ser yo, jamás DEJE DE SERLO, las circunstancias, la toma de mi IP,  llevaron a todos a creer que era un Hacker, incluso hasta aquel amigo que una vez tuve y fue Ignacio Bellido, al igual que Luia.

Me he enterado con una tristeza que resbalo en una lagrima a escondida, en el baño de mi trabajo, la ingrata muerte de Rosa, y realmente sentí un escalofrió intenso.

A pesar de todo lo que han hecho creer de mi, hemos mantenido una distancia con ella, pero siempre quedo en mi recuerdo mis visitas, aquella presentación de su libro en San Martín, el encuentro con Víctor Sentires, esos mates que yo también he tomado con ella, y un encuentro con una mujer que no recuerdo su nombre y era Colombiana, des pues llego la visita de Nieves con sus FANTASMAS EN LA BOCA, libro que tengo como reliquia.

Tres fueron las veces que estuve en su casa, y quedaron grabados en mí como si hubiera sido ayer.

Su emprendimiento, su bondad, su corazón siempre fueron lo indiscutiblemente dóciles y encantadores.

Lamento solamente que ella haya tomado una idea de mí como la de un mal tipo que nunca fui.

Y digo nunca fui, porque el que me tomo la IP, fue el causante de todo, me escribía Carlos Valverde diciéndome que me pudra en el ataúd de mis viejos, solo me quedo mi vieja con su mal de Parkinson y sin su compañero viviendo de pasado y entregada a un rincón de aquel amor.

Lo cual me impuso a tomar medidas contra el Sr. Valverde, que no culpo, porque el desconocimiento de que alguien pueda tomar una IP, para el es algo ilógico.

No quiero ser extenso, pero esta noticia movió mi alma, mi corazón y todo mi ser.

Sin pasar por Poesía Pura, solo quería dejarle una ofrenda, solo unas palabras, un intento y una oración por esa Rosa que siempre estuvo latiendo en poesía y llego a espiritualizar el alma de ese espacio.

 

 

A la Rosa que perfuma el cielo

 

No era el día

Ni los motivos,

No era la desdicha

Ni las pinceladas que tantas veces se llovieron,

Era un bar cualquiera

Con treinta y tres billares,

Una tarde cualquiera,

Cuando nos conocimos

Y nos incorporamos apostando versos

Colgándonos una soga a la infancia

Yo ansioso con el Di tella que conociste

Vos rebobinando el ajuar de la adolescencia.

 

Y nos examinamos,

Yo caminaba con el pelo largo,

Tenía amigos y una muñequera,

Tenía amor por la música del flaco

¿Te acordas?

Y quizás en la bohemia éramos como hermanos

Desconocidos por la distancia

Lustrándonos el alma, lamiendo la garganta

De los años setenta,

Luego tuvimos que adelantar el tiempo y

 un día aparecí en San Martín,

Con un libro impreso de Eluard,

Metiéndome en tus alas, poniéndome tu letra

Allí conocí a tu negra, a tu grupo, a tu vida

Que aún sigue proponiendo que el cielo

Visite tu corazón que sigue brillando en poesía

 

Y yo lo veo, que brilla en la luciérnaga que te vive.

 

Osvaldo Norberto Lázaro

 

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