EL IMPENSANTE

No pensaba en nada. Solo hacia cosas sin el pensamiento, nunca tuvo atribuciones de mentalizarse en el pensamiento.

O quizás nació sin él.

Así como la sinrazón se adueñó de sus estados, sus actitudes eran extrañas. Llego a la estación y quería ver el tren de cerca, tan de cerca que se paró en medio de la vía.

No pensó que no se detenía.

Y para colmo la muerte no piensa tampoco.

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