Noche Espiritu

Mirad acaso la fragancia de los abedules, los hombres hambrientos

Que recorren la plazoleta buscando fragantes ninfas,

Mirad el soplo de las pestañas que crujen frente al oro de lo efímero

La rama donde el sol acuesta su sombra, el espejo inclinado de los sabios,

Nos veis acaso bajo la fraudulenta extensión de las miradas

Que nadie camina en la observación del tiempo.

 

El arboleda, el cementerio de ángeles azulados bajo el día

Guiados por el polen, por la sombra de tu nombre

Diferentes son esos espacios donde la vida perfuma

No son estos compañera, ni los rubores que desatinan,

Ni el camino de los dementes que se pisan la sombra

Ni la desazón que cruje bajo los insolentes residuos

Donde el carmín adorna tu mirada para crecerla.

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