Segunda carta a MI YO

Querido Yo:

                    Ha pasado mucho tiempo en los cuales he olvidado los espejos y por lo tanto no encontrarte en mi vida tan apasionadamente como lo hacía antes me entristecio muchisimo.

Tengo mucho que contarte han pasado muchas circunstancias que me han inundado la espera, el tiempo se fue corriendo de contramano como un camino loco de ebriedades y yo lo seguí como quien burla su palpito , como quien gana una victoria disfrazada prematuramente.

Sabes hace tiempo que escapo de tu rostro, hace tiempo que escondo mis deseos en un sótano profano, en un pedazo de mi tibio rincón donde amaba la vida, hace tiempo que me encuentro añejo de niñez, despoblado de gaviotas, casi ciego y sin remedio.

Encerrado, asediado de escusas para explicarle al mundo mi malformación.

Hoy vi que me llamabas a primera hora, cuando todos dormían, a la hora de entrecasa cuando las paredes se impregnan de fantasmas, en la primera mirada con un escenario de llovizna, la calle estaba allí, los perros empapados de luciérnagas , mi beso camuflado en los centavos del corazón estacionando mi bicicleta en esa calle derrumbada de gestos, de providencias, vos te dormías a mi lado donde todo era de la nada, donde las muñecas escupían mi bolsillo y pintaban mi cerebro de besos paralíticos.

De que venerada esperanza hablo yo?

De que corazón?

Hoy que te miro me sorprende la inocencia

Hoy que te miro, todo lo ajeno me revoluciona, se me cae en sortijas el remordimiento, mi boca besa un anciano que sueña. , mis pesadillas vuelven a instalarse en sarcófagos, en espeluznantes sacrilegios de brillo sin luz, en cuadras perdidas por noche en la linterna del viento.

Porque no abrazarte aún así, dependiendo de tus manos, de tus bocetos el entrañable sentir  de una música que le prendió fuego a las flores, que paso por manos de un incierto horizonte donde volaba mi rencor tan bajo.

Hoy que te veo Yo querido , vengo a buscar en tu rostro , ese manojo de timidez, esa mueca perdida, esos momentos anhelados, ese cálculo infinito de métodos al amor donde confundí la vida, decidme amigo, porque hui, porque me perdí en comarcas , porque deje mis zapatos en el insomnio de un seis de enero.

Si volviese a nacer ahora sabría cómo tratarte, como empalidecer las yemas de tu desolado misterio, como presentir en tu cábala nocturna las manos del silencio.

Hoy ya no haría falta pasar de nuevo por la oscuridad, hacerme amigo de la muerte en la vida, para acribillar huesos por encontrar alma.

Hoy ya lo sabría todo, todo sería permitido.

Querido Yo, vuelvo por un instante a mí mismo, a este sol que sale sin permiso de mi vida, a este lucero centrifugado de escalones violentos, de promesas de porcelana vestidas de fiesta, de emigraciones de espectros que pasan alrededor de las sabanas, que trepan en la orilla de mi sillón, y se montan a los espacios apagados, mirándome como gatos, como madejas oníricas de una piel que arruga las ventanas.

Si pudiera convencerte de una vez y anclar tu secreto en mi destino, si tuviera la certeza de ver que mi beso se empastillo  con perfumes agrios, que mi vista ya no distingue los colectivos y me tomo subtes los fines de semana, si pudiera vencer la libertad de tu condición, el nihilismo fino que guardan tus uñas negras, el dolor enterrado en un cajón de papeles que nunca sabrán de luz.

Si ya no mentirían más los niños y la hamaca regularizaría la contribución de los psicólogos.

Si pudiera volver a la vida ahora, te distinguirá enseguida y quizás hasta pudiera dejarte abandonado dentro del amor.

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