El piso enérgico

 

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Nunca había estado en un lugar así, aquella mujer había contratado mis servicios en pos de la poesía, sin embargo yo no sabía como originar en ella una luz que asistiera a su gusto.

Rodolfo, un amigo me había sugerido que esa mujer buscaba un territorio perdido, una melancolía de fantasma que la apropiaba de su tiempo.

Y su casa mecía otra dimensión.

No, seguro no era fácil, salir de mi trabajo en horas poco usuales y asistir a esa velada extraña que aquella mujer me proponía, pero ante la necesidad de exponer minuciosamente mi arte en gustos ajenos, me entusiasmaba de sobremanera la idea, claro, la experiencia no era fácil para un iniciado como yo.

Tome mis cuadernos e inmediatamente me dirigí a ese portal, donde algo me imantaba, algo extraño debo confesarlo, algo no demasiado claro había en todo aquello.

Se llamaba Lucia, y yo antes de entrar recorrí un poco los alrededores, advirtiendo que su casa estaba situada en un lugar a la interperie del mundo, alejado de la humanidad.

Aquello no altero mis sentidos, pero sin embargo presentí cosas poco claras, en esos presagios una sombra me seguía y proyectaba espacios en mi camino, ¿seria mi sugestión y el enigma que había creado Rodolfo en mi?.

Como así también los comentarios que habían hecho en un pueblo cercano, en donde según contaban, su marido llamado Antonio, era un escritor de renombre que se había suicidado.

Pero yo siendo un simple aficionado no lograba entender que veía Lucia en mi que me asociara a la idea de que esa poesía podría dejar en ella síntomas de gratificación.

Asistía a reuniones de la farándula literaria y siempre como espectador, limitándome a formar parte de algún grupo, pero eso si siempre deleitándome con los poetas que hacían estremecer mis sentidos.

Lucia, me esperaba con una ansiedad tan infrecuente que en medio de ese deseo habitaba en mi algo poco habitual, era como una enorme antorcha que encandilaba con fuerza, y dejaba en mi corazón cierta hipnosis.

Es que ella era especial, y sus gestos frente a mis recitados en semioscuridad improvisaban una vida que yo no conocía.

Yo que era un simple soñador de pasiones inconcretas, que encerrado frecuentemente en mi cuarto no quería ver la luz, ahora me amparaba en la esperanza de un sol que brillaba incesantemente.

Pero en ello había una sospecha que no dejaba de asomarse.

Recuerdo un suceso de una tarde, cuando en medio de mi lectura, algo extraño sucedió, sentí un fuerte sacudón en el piso.

Lucia me miro fijo y me dijo:

-No temas, es que tu letra ha llegado al fondo de la tierra, y es él que se siente iluminado.

Yo no sé que pense en ese momento, fue un estado en el que se mantiene la plena convicción de que la locura lo persigue frenéticamente, pero aún así mantuve mi conciencia despierta y termine la ultima estrofa.

Llegue a casa ese día abatido, como cansado profundamente sin argumentos claros, pense que el miedo disminuye la energía, y encontré mi casa vacía.

Ni mi hijo, ni mi mujer me esperaban como acostumbraban a hacerlo.

Solo una nota escrita diciendo: – Quisimos huir de tu locura.

Con el tiempo fui buscando los ojos de Lucia sin entender él porque, y al encontrar su brillo, me cosecho una lujuria poco inusual, era como si mi aliento salpicara gotas de crueldad. como si todo mi ser reemplazara mi Yo.

Al salir ese día y luego de aquel recitado entre ese piso en movimiento, tome una cuerda y ate mi cuello a mi ventilador de techo, moría girando…

Extrañada que ese día no había concurrido a las secciones poéticas en su hogar, Lucia, tomo su coche y se llego hasta casa, lo primero que vio fue el cartel aquel que había dejado mi mujer.

Y no sintió ningún tipo de tristeza frente a mi partida.

Por la noche me velo en su casa

Al otro día había contratado a otro poeta, y con Antonio además de habernos amigado de tal manera, nos acostumbramos a mover no solo el piso de su cuarto sino todos los otros pisos con la ilusión que en un mañana no muy lejano se derrumbara la casa.

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3 comentarios

  1. Jorge Luis Estrella said,

    octubre 5, 2009 a 4:02 am

    El cuento es estupendo y no exagero. Me sedujo. Tiene lo que tenés vos escribiendo: mezclás imágenes muy oníricas con cosas visceralmente vividas por vos lo que da un resultado asombroso y excelente. Eso sí, hay que hacerle muchas correcciones. Por ejemplo: la palabra “todo” está en muchísimas frases. Si es indispensable, que aparezca una, dos o, a lo sumo, tres veces, que sea en frases apartadas unas de otras.

    Jorge Luis Estrella

  2. osvaldonorberto said,

    octubre 5, 2009 a 12:45 pm

    Mil Gracias querido Jorge, tenes razón ante el impetu de la escritura dejo todo como viene, aca traté de modificar algunas cosas, aunque ahora estoy en el trabajo y no puedo hacer mucho, pero seguire corrigiendo algo mas en casa, mil gracias, me gustan tus sugerencias, me enseñan mucho.
    Un enorme Abrazo.
    Os.
    P.D.Despues corrijo el nombre de la poetisa

  3. Patricia said,

    octubre 8, 2009 a 4:49 am

    Me da un enorme gusto leerte. Tanto tu prosa como tu poesía, me envuelven y a la vez me expanden, dejándome apta para el vuelo… Gracias y besos!


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