La hiel espantada

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Mis manos nacen dormidas

En el zaguán de tu tolerancia,

Mis manos ya no son manos

Solo ramilletes de palpitos

Que median entre tu inmensidad

Y el acierto de la providencia

 

Evidente es el tiempo

Para que el filo de la muerte

Abrace nuestra odisea,

Para que el nudo de nuestra piel

Germine lobos dementes

Nacidos a pleno día

En un mundo destemplado.

 

Con furia llegan  los niños

Que precipitados en la noche

Sueñan a las escondidas

Historias desiertas de cielo

 

Yo ya no miro más

A esa estatua perpetua

Que se divierte

Con la pena, ….mientras rezo lluvias

                                            dentro de un placard alquilado.

 

 

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2 comentarios

  1. Jorge Luis Estrella said,

    abril 3, 2009 a 3:54 am

    Cada poema tuyo te revela como un gran poeta. Imágenes maravillosamente surrealistas en las que luce una angustia existencial su vestido de fiesta. Sencillamente estupendo. Gracias, amigo por estos increíbles versos.

    Jorge Luis Estrella

  2. patricia corrales said,

    abril 9, 2009 a 10:35 pm

    el dolor te hace escribir los poemas mas intensos, me gusta saber que haces de las letras un espacio diferente, continua amigo poeta, sigue avanzando


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