La otra línea

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Solía sentarme los fines de semana en aquel banco marrón de plaza, juntando mis alas para encauzar mi destino, a pasos donde lo celestial no se resistiría a nada.
Solía despeinar la ausencia, inmovilizando el dolor para no perderle rastro a la grandeza.
Solía estar en soledad, meditando a tientas de un mundo extraño, y nadie me creería si os digo que lo extraño siempre me persiguió.
La objeción era simple, pero a la vez forzada de innumerables consideraciones que el mundo no percibía, en unidad fui buscando de a poco los desconsuelos y supe que el hombre que ama no pierde jamás en solo instante de belleza.
Pero seguí de largo por el mundo, me pase a la otra cuadra donde el árbol me indagaba la fortuna, donde el tiempo con espejos de plátano jugaba bajo mis huellas y me desteñía la vuelta.
No se si entenderán mi historia, y es probable que No, aquellos para quienes el apego a las buenas costumbres y la moral ensordecida cuando esta mas allá de sus ojos no toleran.
Lo cierto fue que salí de casa por la mañana muy temprano y no tuve mejor idea que llamar a casa a sabiendas que vivía solo.
Pero lo extraño que al llamar me atendió otro Osvaldo, que era yo.
Me pellizque a estirones todo mi brazo y supe que estaba sentado en medio de aquella oficina, donde notaba recurrentemente que la gente de muy mala entraña me miraba fijamente, no preste atención en ello, ya que mi mente estaba poblada de intriga ante tal suceso, por lo tanto deje a esa persona observando mi desdicha para que sus ojos no disimulen mas el dolor propio.
En la oficina de mi trabajo hay una ventana que da al Colón, desde allí se puede hablar con mas intimidad y siempre cuando algo me desconcertaba lo hacia desde allí para no alimentar las malas interpretaciones que se generan desde ya en un ámbito laboral,
Eran las nueve de la mañana cuando llame y para dejar en claro y saldado el asunto les explicare a continuación como fue aquello.
Hola, quien habla
-Hola habla Osvaldo
Pero si Osvaldo soy yo
-ya lo sé
¿Quien eres?, por favor
– Ya te he dicho soy Osvaldo
(Era mi voz, por Dios, estaba enloqueciendo)
Pero escucha si yo soy Osvaldo el que esta trabajando como todos los días
– Ya lo sé y yo soy Osvaldo el que esta sintiendo la mitad de tu vida desde aquí.
Como que la mitad de mi vida, dime que esto es sueño por favor?.
– No te diré lo que pretendes escuchar en tu mundo que solo brilla con el poder de tu vista.
Me estas atormentando por favor, dime que esto es un error, que no hay nadie en línea y yo estoy delirando desde aquí, desde este lugar donde mi vida todos los días empieza y termina a las cinco de la tarde.
-Estoy aquí para ayudarte, no me temas, no le temas a tu verdad, por eso precisamente estoy aquí, para sacar la traba que los cerrojos de tu mundo te pierde
Pero que locura es esta adonde quieres llegar
-Quiero solo llegar a tu parte que esta acá en tu casa, que ha quedado hoy inconclusa, que desde ayer en uno de tus poemas quedo colgado en mi todo el cielo de aquello que te inspiro, no hace falta que te diga que soy tu mismo, que amanecí como todos los días y quede en un perchero mirándote, como te apurabas, como puteabas, como te peinabas, como te afeitabas y hasta como salías con tanta vehemencia para llegar a tu tiempo, tu tiempo que también es el mió, tu tiempo que espera horarios y no necesita refuerzos mas que la fortuna de saberte vivo.
Aquello me despertó a la misma hora, tus pasos se llevaron mi cuerpo y te sentaron en ese sillón de tu oficina, en aquella computadora y entre aquellos papeles de todos los días.
Pero tu otra parte quedo acá, para decirte que debes dejar el espejismo de la sombra, debes traspasar el portal de tus sueños con tu mismo valor y dejar que en el reino de Dios tu corazón encuentre la mejor morada, el mejor destino, no soy el monstruo de ti mismo, soy la parte tuya que aún no reacciono, la parte que has creído que no era necesaria.
Para que sepas un poco mas que soy tu mismo, te recordare los tiempos que has pasado en los infiernos perpetuos de la soledad, creyendo que de un labio de mujer nacerían auroras vestidas de fuego , no has sabido buscar los lugares propicios Osvaldo, pero hoy yo que soy vos te llevare a encontrarte al retorno de ti mismo.

Me apresuré, quizás demasiado, y con lágrimas en los ojos, deje que sigan en pensativos gestos los compañeros.
Hice un parte de salida a las 10:30 hs firmado por mi jefe que me miraba con alegría.
Algo sucedió luego durante el viaje, y al llegar a casa me di cuenta que aún no me habían puesto teléfono.

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